A dura realidade económica e as necias celebracións dos gacetilleiros

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Los medios de comunicación han abandonado obviamente el papel de informadores de la realidad económica y han adoptado el papel de animadores de la fiesta, pregonando cualesquiera noticias buenas que puedan husmear, o aun inventándolas cuando no pueden encontrar ninguna. Esto deja la responsabilidad de informar sobre la economía en manos de otros.

La pasada semana tuvimos todo una serie de informes del estado de la economía. Las ventas de viviendas nuevas y de las ya existentes permanecen cerca de su más bajo nivel de la recesión, de forma que los precios inmobiliarios continúan cayendo un 2% mensual. Los nuevos pedidos para bienes de capital, un índice clave de la demanda de inversión, se redujeron un 2% en abril. Si se excluye el volátil sector del transporte, los nuevos pedidos siguieron cayendo un 1,5%.

El viernes, el Indicador de la Actividad Industrial (PMI, por sus siglas en inglés) de Chicago cayó más de 5 puntos porcentuales desde su nivel de abril, muy cerca de su nivel más bajo de la recesión. El componente del empleo de este índice batió una nueva marca.

Estos informes podían haber provocado sombrías noticias, pero no en los medios de comunicación de EEUU. La gente que no pudo ver la burbuja inmobiliaria de los 8 billones está todavía en busca acérrima de un rayo de luz incluso entre las peores noticias económicas.

Por ejemplo, La Radio Nacional Pública explicó a los oyentes que las nuevas cifras de ventas de casas en el mes de abril fueron mayores que las de marzo. Aunque esto era verdad, las cifras de abril fueron solamente superiores en 1.000 a las de marzo, que ya habían sido revisadas en 5.000 menos. Las ventas de casas en abril fueron 4.000 menos que las inicialmente indicadas en el informe de marzo. USA Today informó de una “oleada” de pedidos de bienes duraderos, que también estuvo basada en una espectacular revisión a la baja de los datos previos del mes anterior.

Los medios de comunicación han abandonado obviamente el papel de informadores de la realidad económica y han adoptado el papel de animadores de la fiesta, pregonando cualesquiera noticias buenas que puedan husmear, o aun inventándolas cuando no pueden encontrar ninguna. Esto deja la responsabilidad de informar sobre la economía en manos de otros.

Ningún examen serio de los datos muestra que la recuperación esté a la vista. La historia básica de la depresión es dolorosamente simple. Hemos visto un derrumbe de la burbuja inmobiliaria que ha devastado el sector de la construcción y que también ha causado la caída brusca del consumo.

El sector de la construcción sufrió de una enorme sobrecapacidad durante los años de la burbuja. Medidas en ventas mensuales, las existencias de construcción de nueva planta como de edificios de segunda manos estuvieron cerca de doblar sus niveles normales. Estas existencias aseguran que la construcción permanecerá muy deprimida al menos hasta el 2010, si no hasta más tarde.

El desplome de los precios inmobiliarios ha conducido a la caída libre del consumo. No es un problema de comportamiento del consumidor, como tantos comentaristas parecen creer. Ocurre, más bien, que muchos propietarios de casas no estén comprando mucho ahora porque los que se han quedado sin hogar no compran muchas cosas: no tienen dinero.

El descenso de los precios de las viviendas desde el pico de 2006 ha costado a los propietarios de sus casas cerca de 6 billones de dólares en pérdidas de patrimonio inmobiliario. Solamente en 2009, la caída de los precios ha destruido casi 2 billones de dólares de este patrimonio. La gente estuvo gastando cantidades increíbles durante el período 2004-2007 sobre la base de la riqueza que tenía con sus hogares. Esta riqueza ahora se ha esfumado.

La vivienda es débil y está cayendo, el consumo es débil y está cayendo, los nuevos pedidos de bienes de capital, el principal indicador para la demanda de inversión, cayó en abril el 35,6% en relación a este mismo mes del año anterior. Y el Estado federal, como los gobiernos locales de todo el país, con California a la cabeza, están despidiendo trabajadores y recortando servicios.

Si alguna muestra de recuperación hay en toda esta historia, muy difícil resulta encontrarla. Lo que hay, y resulta obvio, es una espiral descendente de más despidos y de recortes adicionales de horas, cosa que contribuye a la ulterior reducción de la capacidad adquisitiva de los trabajadores. Además, la debilidad del mercado de trabajo está presionando a la baja los salarios, lo que actúa como una segunda fuerza depresora de la capacidad adquisitiva de los trabajadores.

No bastan las buenas palabras para provocar un cambio de las circunstancias económicas. La economía necesita más demanda, la cual solo puede llegar con otra gran dosis de estímulos del gobierno federal. Hay formas fáciles, rápidas y efectivas para espolear la economía con estímulos adicionales.

La primera: dar más dinero al Estado y a los gobiernos locales para que no tengan que despedir a trabajadores, recortar servicios y aumentar impuestos. Es palmario que ese gasto estimularía inmediatamente la economía.

El gobierno podría también ofrecer un gran estímulo a la economía mediante la puesta en marcha de una reforma sanitaria con un crédito fiscal a los empresarios (por ejemplo, de 2.500 dólares por trabajador) para las firmas que no ofrecen cobertura en la actualidad. Lo que podría acercarnos rápidamente a una cobertura sanitaria universal mientras el Congreso siguiera trabajando para reestructurar el sistema reduciendo costos.

También podrían proporcionarse 2.500 dólares de crédito fiscal a los empresarios que tuvieran a trabajadores a tiempo libre pagado. Esta medida debería incrementar la demanda tanto de la economía como proporcionar a los trabajadores más ocio y flexibilidad en el puesto de trabajo.

Hay otros medios con los cuales el gobierno podría generar rápidamente nueva demanda, pero no serán objeto de debate serio mientras no haya un reconocimiento más general de la necesidad de un estímulo adicional. En algún punto resultará imposible seguir escondiendo las malas noticias, y la atención del Congreso se volcará de nuevo a los estímulos. Por ahora, lo que se puede decir es que la verborrea panglosiana de unos medios de comunicación enterquecidos en negar la realidad de la economía contribuyen lo suyo a retrasar ese momento.

Dean Baker es co-director del Center for Economic and Policy Research (CEPR). Es autor de Plunder and Blunder: The Rise and Fall of the Bubble Economy.

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